lunes, 4 de febrero de 2013

IGUALDAD POR LOS PELOS

Las peluquerías siguen cobrando más por corte a mujeres que a hombres. En Dinamarca el Consejo de Igualdad ha determinado que esta actitud es ilegal

Escrito por Marta Castro
Dos mujeres de pelo corto. / EL PAÍS

La lucha por la igualdad puede llegar hasta los rincones más cotidianos, incluso a la peluquería. La carta de precios de la peluquería Azahar, en Madrid lo deja bien claro: corte de mujer: 12,50, corte de caballero: 11 euros.

Da igual la longitud del cabello, la cantidad, el tipo de corte Una mujer con pelo corto pagará más que un hombre con melena. Su propietaria, Laura León, opina que esta tarificación se basa en la tradición: “Sería más lógico hacerlo por el largo del pelo, pero la gente ya está acostumbrada a que sea así y los hombres se podrían sentir discriminados”. El colectivo masculino se ha ido integrando poco a poco a las peluquerías unisex, dejando de lado las antiguas barberías y cambiar los precios podría espantarlos, opina esta estilista.

Pocos metros más allá, en la misma manzana, el salón El Espejo del Alma. Tenía los mismos criterios hasta hace algunos días, tan pocos que ni siquiera han actualizado aún los precios. La causa del cambio: “El otro día nos llegó un chico con el pelo a lo afro y ese trabajo no está pagado al precio. Desde entonces vemos la cantidad y la longitud del pelo y entonces decidimos cambiarlo”, explica su propietaria. Hasta ahora tenían precios distintos. Para hombres 9 euros; para mujeres 9 por el pelo corto, 12 por media melena y 15 por el pelo largo.

A esta discriminación tarifaria por sexos le han puesto freno en Dinamarca. El Consejo de Igualdad de Trato de ese país, creado en 2009, recibió una denuncia de una mujer que, con el pelo corto, tuvo que pagar 100 coronas más (13 euros) que si hubiera sido un hombre. El organismo reconoció que este hecho es una violación de la Ley de Igualdad y la demandante tendrá que ser indemnizada con 2.500 coronas danesas (unos 335 euros). La peluquería ha recurrido el arbitraje y el caso llegará a los tribunales.

El Instituto de la Mujer español no tiene aún quejas al respecto.

En España el Instituto de la Mujer no ha recibido quejas de particulares o asociaciones sobre este asunto. Por tanto, no puede actuar de oficio, pues para poner en marcha su engranaje necesita una acción ciudadana, como ocurre con el precio de las discotecas para chicos y chicas. Reconocen que es un caso de desigualdad, porque las mujeres suelen pagar más, pero tiene que ser la demanda ciudadana la que empiece a actuar.

Las directrices y disposiciones de la Unión Europea no reflejan nada al respecto, a pesar de que persiguen las conductas discriminatorias ante los consumidores. La ley de Igualdad española de 2007, inspirada en una directiva europea expone: “Todas las personas físicas o jurídicas que, en el sector público o en el privado, suministren bienes o servicios disponibles para el público (...) estarán obligadas, en sus actividades y en las transacciones consiguientes, al cumplimiento del principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres, evitando discriminaciones, directas o indirectas, por razón de sexo”.

Por principios legales como estos el Tribunal de Justicia Europeo prohibió que a partir de este año las empresas aseguradoras usen un criterio del sexo para calcular del precio de las primas. En ese caso las mujeres salían beneficiadas, porque pagaban menos.


la tarificación no está regulada de ninguna forma, tampoco en España

El problema es que la tarificación no está regulada de ninguna forma. La primera cadena de peluquerías del país, Marco Aldany, tiene los precios fijados por corte, con independencia del sexo. El criterio es la longitud del cabello y los tratamientos que el cliente desee. Con los precios de la depilación ocurre otro tanto. En el salón de Laura León, la depilación completa de piernas cuesta 16 euros para mujeres y 19 para hombres, con independencia de la cantidad de vello.

Plácido Miranda, presidente del Círculo de Empresarios Independiente de Peluquería de Madrid, afirma que el precio es subjetivo. “Es un trabajo artesano, con cada cliente tardas más o menos tiempo. Generalmente se tarda más con las mujeres porque el corte en los hombres suele ser más básicos”. Miranda cree que las listas de precios se basan en el tiempo que el estilista estima para cada cliente, aunque reconoce que personalizarlo sería lo más útil, aunque conllevaría más dificultades y cierto caos.

Jordi Serradell, presidente de la Federación de Peluqueros de Cataluña sin embargo se escuda en la libertad de precios: “El mercado es libre y cada uno fija sus precios. No se pueden regular las tarifas, a pesar que lo estamos pidiendo para que haya cierta unidad”. Serradell es peluquero de caballeros y entre la crisis y las ofertas de salones de belleza que “pasan la maquinilla” estima que ha perdido más de un 40% de clientes. “El consumidor al final es el que elige”, afirma Serradell.

Pero los profesionales están cambiando lentamente. Cada vez son más los estilistas que optan por criterios más personales: cantidad, estilo, longitud del cabello. Corte a cada persona, no a cada hombre o mujer.

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